Hubo un tiempo en que crear sitios con WordPress realmente se sentía… divertido.

Hubo un tiempo en que crear sitios con WordPress realmente se sentía… divertido.

Podías crear un tema, conectar un par de campos personalizados, instalar los plugins justos y lanzar algo sólido. Todo fluía. No tenías que pelear con la plataforma; la plataforma trabajaba para ti.

Entonces llegó Gutenberg.

Lo sé, ya ha pasado tiempo. Pero ese fue el punto de inflexión donde las cosas dejaron de ser divertidas. Entiendo la teoría: un editor visual que busca el «lo que ves es lo que obtienes» (WYSIWYG) definitivo. Sobre el papel, es el sueño del cliente.

La realidad técnica

¿En la práctica? Se siente como construir una web, dentro de otra web, dentro de una app de React pegada con cinta adhesiva a un núcleo de PHP.

Las tareas simples han mutado en procesos burocráticos. Ya no solo creas plantillas; ahora navegas por un mar de:

  • Patrones de bloques y variaciones.

  • Archivos JSON de configuración infinita.

  • Estilos globales que a veces parecen ignorar tus propios CSS.

  • Cualquier nueva abstracción que se haya inventado este mes.

La mitad del tiempo no estás resolviendo el problema del cliente. Estás resolviendo los problemas de WordPress.

El precio de la modernidad

La ironía es que esta complejidad rara vez se traduce en valor real para el usuario final:

  • ¿Buscas rendimiento? Pasas horas despojando código innecesario que el editor añade por defecto.

  • ¿Buscas flexibilidad? Terminas luchando contra el editor para que no «rompa» el diseño.

  • ¿Buscas consistencia? Tienes que bloquear las mismas herramientas que prometían facilitar el trabajo.

Lo más curioso es que los clientes rara vez piden la experiencia completa de bloques. A menudo, solo quieren un panel intuitivo donde no puedan romper el sitio por accidente.

¿Hacia dónde vamos?

No es que WordPress sea «malo». Sigue siendo el gigante por una razón. Pero se ha vuelto pesado y obstinado. Ha perdido esa identidad de herramienta alegre, ligera y pragmática que nos hizo elegirlo hace años.

WordPress ya no parece una herramienta; parece una plataforma en plena crisis de identidad, intentando ser todo para todos y, en el proceso, complicándonos la vida a los que picamos código.


Me da curiosidad saber: ¿Soy solo yo o alguien más siente que estamos construyendo naves espaciales para cruzar la calle? Los leo en los comentarios.

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